Ushuaia 1998

La fecha de partida hacia el sur fue pactada para un tres de enero. Las mochilas en esa ocasión estaban mejor organizadas: la experiencia de los viajes había logrado hacer entrar en razón a los muchachos, que pragmáticamente optimizaban recursos y espacios. Las pesadísimas cargas de aquel verano del 96, llenas de arroz y fideos que nunca llegaron a terminar de consumir solo eran un buen recuerdo. Con lo justo y necesario se preparaban mientras diseñaban una suerte de ruta que nunca llegaba a ser exacta ni definitiva.
La idea original (como en cada viaje) sonaba algo descabellada: para no bajar directamente por la Ruta 3 deseaban hacer un “pequeño” desvío hasta el Parque Nacional los Alerces y luego sí encauzar por la ruta costera, que va directo hasta el extremo sur. Los Alerces, a esta altura, ya tenía el mote de santuario o paso obligado cada vez que la Patagonia se mencionaba, un punto necesario para refrescar recuerdos y volver a vivir todo aquello que los hacía infinitamente felices.

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